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El campesinado tradicional en gran parte del mundo ha sufrido significativamente en las últimas décadas, de un lado por el cambio climático que parece empeorar año por año, y del otro lo atacan las políticas de “desarrollo económico rural”. Los recientes tratados de libre comercio con los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea no favorecen la economía campesina de Colombia, a lo contrario, los precios de productos internos están en constante descenso, al igual que la atención del gobierno nacional frente al tema del agro.

La frustración del sector agrario (en especial los pequeños productores) se ha revelado en los últimos años a través de manifestaciones públicas y paros organizados, para exigir ante el gobierno nacional, mejores condiciones y más apoyo para el campo. Dichas frustraciones se deben a que cada vez la producción de arroz, maíz, papa, naranja, leche, carne… son menos rentables, lo cual despierta una gran urgencia de actuar. Comunidades enteras en todo el país se ven amenazados por la creciente crisis económica que se debe al deterioro del sistema de producción agropecuaria.

Las comunidades de la región Alta Montaña, Carmen de Bolívar expresan que la producción tradicional de maíz ya no es rentable, un cultivo que en años anteriores proporcionaba relativa abundancia, hoy día ni vale la pena sembrar por la caída (casi total) del mercado.”

Andrés, un líder comunitario de Pichilín nos cuenta: “¡El gobierno nos ha abandonado! solo vienen en épocas de elecciones para realizar sus campañas y hacer promesas los cuales nunca cumplirán, luego se van para no regresar hasta las próximas elecciones. ¿Cómo puede mejorar nuestra situación?”

En situaciones así no es fácil mantener la esperanza, pero cuando el sol se pone y la luz de la positividad se esconde, nos colocamos de pie como lo haría una pequeña vela en ausencia del sol diciendo, “haremos lo que podamos”.

— Leonel Elias Dueck, Programa de seguridad alimentaria

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