What Can Those in the U.S. Learn from Colombia (continued): Lessons from Sembrandopaz

¿Qué Puede Aprender la Gente en los Estados Unidos de Colombia? (continuado): Lecciones de Construcción de Coaliciones con Sembrandopaz.

por Angie Lederach, Candidata Doctorado de la Universidad de Notre Dame, becaria Fulbright del Observatorio de Conflictos, Desplazamientos y Construcción de Paz de la Universidad de Cartagena y voluntaria de Sembrandopaz.

29 de enero de 2017

A la luz de la nueva realidad política emergente en los Estados Unidos, tomo tiempo para reflexionar en el trabajo de Sembrandopaz durante décadas para construir la paz en un contexto de desequilibrio social, la inestabilidad política, y la violencia patrocinada por el Estado, para explorar la pregunta: ¿Qué pueden aprender los que están en los Estados Unidos de la ciudadanía activa y organizada en Colombia? En un blog anterior, he esbozado el marco general de Sembrandopaz para la construcción de una cultura política sana y activa que asegura la participación de la comunidad.

A raíz de las movilizaciones masivas de ciudadanos en los Estados Unidos, muchos preguntan ¿cómo «momentos» se convierten en «movimientos.» Mientras que esto requiere un enfoque multidimensional y dinámico, la construcción de coaliciones es fundamental para sostener y mantener un movimiento noviolento eficaz. En palabras del activista y teórico noviolento, George Lakey, debemos encontrar las maneras para «crear un movimiento de movimientos.» Quiero seguir explorando lecciones de la ciudadanía activa y organizada Colombia en este blog, identificando prácticas diarias que permitan la construcción de un «movimiento de movimientos.» En particular, me centraré en la participación de Sembrandopaz en el Espacio Regional de Construcción de Paz (Espacio Regional). Conformado por 39 procesos organizativos afrodescendientes, indígenas, campesino, mujeres y otros movimientos sociales así como burócrats del estado, profesores universitarios, fundaciones del sector privado, organizaciones religiosas y trabajadores de la ONG (Intl), el Espacio Regional representa una amplia y poco probable coalición dedicada a la construcción de la paz en Montes de María- y hay mucho para aprender de su proceso. Una experiencia reciente revela tanto los desafíos corrientes que enfrentan coaliciones improbables como ésta, como también el conjunto de prácticas que emprenden para responder de manera constructiva a estos desafíos.

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A finales de octubre, líderes del movimiento en el Espacio Regional viajaron a Bogotá a presentar propuestas a las agencias nacionales de Gobierno encargadas de la aplicación de políticas y programas centrados en la tierra y desarrollo rural. Los derechos a la tierra y el desarrollo rural forman una de las prioridades estratégicas y compartidas que los miembros del Espacio Regional reconocen como fundamentales para el trabajo de paz en Montes de María. Mientras que el Espacio Regional trató de organizar estas reuniones como un colectivo, el intento del estado a un «enfoque diferencial,» que busca corregir el tratamiento histórico y diferencial de las comunidades marginalizadas en Colombia – sirvió, en cambio, para dividir la coalición: los campesinos se reunieron con un sector dentro de las agencias – y los representantes afrodescendientes e indígenas con otro. Reflejando la dinámicas de marginalización y la violencia en curso, los líderes afrodescendientes e indígenas no recibieron la misma atención y fueron relegados a una esquina del pasillo para una reunión acortada e informal. El enfoque del estado violó la dignidad, los derechos y las demandas de los mismos grupos que pretende servir. Las prácticas cotidianas del estado también amenazan la coalición frágil del Espacio Regional.

El diálogo mensual circular, que es la base del Espacio Regional, proporcionó tiempo para reflexionar, discutir y formar un plan de acción basado en la experiencia. Se emitieron quejas, experiencias diferenciales (de lo contrario desconocidas) fueron traídas a la superficie y había un explícito y renovado compromiso para abordar las preocupaciones planteadas por líderes indígenas y afrodescendientes. El 26 de noviembre de 2016 el Espacio Regional realizó una reunión de seguimiento con la Agencia Nacional Colombiana de Tierras (ANT). Sin embargo, esta vez, la reunión se llevó a cabo en la sala de reuniones del Espacio Regional en El Carmen de Bolívar, en lugar de las oficinas nacionales en Bogotá, la gente se sentó en un círculo, en lugar de a través de escritorios y mesas de oficina. El diálogo fue cuidadosamente facilitado para asegurar que todos tuvieran la oportunidad de hablar. La inquietud por el trato desigual que recibieron los dirigentes indígenas y afrodescendientes en Bogotá, así como los enfoques estatales divisivos a tales reuniones fueron planteados y no sólo por líderes afrodescendientes e indígenas, sino también por líderes campesinos y organizaciones aliadas que participan en el Espacio Regional. En conclusión, un miembro del Espacio Regional exigió cambios en la práctica y enfoque de la Agencia Nacional de Tierras:

«Lo que hemos planteado aquí supone un reto para la Agencia Nacional de Tierras. Aquí, trabajamos con una dinámica intercultural y esto debe ser comprendido y reflejado por la Agencia. Nosotros no podemos ser sectorializados – esto sólo crea conflictos internos. Lo que usted ve aquí no es el trabajo de un día, sino de muchos años donde hemos sentado juntos – Afro, Indígena, Campesino, a mirar el tema de la tierra de una manera integradora. Y así es como estamos hoy aquí. Asimismo, la agencia debe trabajar de manera integrada. En nuestra próxima reunión, la agencia debe venir a nosotros de una manera que refleje cómo nos organizamos aquí.»

Sembrandopaz contribuyó a la formación del Espacio Regional con el propósito explícito de animar un proceso continuo de «diálogo entre actores improbables,» además de propiciar espacios de «reencuentro- o re-unión- entre iguales en desencuentro.» Con esto en mente, se creyó una coalición conformado por líderes de 39 movimientos sociales diversos en la región. Reconociendo que la movilización requiere comunicación constante con todos los actores que influyen la dinámica regional, el Espacio Regional no aisló su coalición de, pero en cambio se comprometió a crear espacios de diálogo entre actores «improbables,» quienes ordinariamente no se encontrarían o colaboraría mucho. Para este fin, el Espacio Regional incluye la participación no solamente de líderes sociales, pero también funcionarios del estado, profesores universitarios, fundaciones del sector privado, y trabajadores de ONGs (Intl), que se reúnen mensualmente.

¿Cómo son dichas alianzas no tan probables construidas, mantenidas y consolidadas para la acción política en la búsqueda de la paz con justicia?

Lección #1: Mapa del terreno social. Comprende todos los actores que influyen en la dinámica de la región o comunidad donde se trabaja. No aísla, pero involucra a individuos claves que representan a todas las esferas de influencia importantes en la región e invita a que se conviertan en participantes comprometidos en un proceso permanente de diálogo.

La construcción de esta coalición «improbable» no surge orgánicamente, pero requiere trabajo intencional, reflexivo y comprometido. El Espacio Regional comenzó trazando el panorama social y político de los Montes de María, identificando todos los actores principales en la región – de procesos de base a las universidades a los funcionarios del estado a las corporaciones privadas, multinacionales, a las organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas. A partir de ahí, se identificaron a individuos claves. Buscaron personas que escuchan bien, gente abierta al aprendizaje y cambio, personas que representan procesos más amplios (más que ambiciones individuales), gente dispuesta a sentirse incómoda, y, sobre todo, personas que se dedican a la meta compartida de construcción de la paz en la región. Les invitó a participar y comprometerse con un proceso de diálogo permanente.

Hoy en día, este grupo se reúnen juntos cada mes. Se comprometen a un proceso de diálogo en círculo facilitado, que incluye la reflexión y análisis así como la articulación de agendas de acciones concretas.

Lección #2: El diálogo transformador requiere un análisis del poder y un compromiso para ampliar, priorizar y apoyar las agendas de los que están marginalizados. El diálogo, aquí, no se centra en las relaciones interpersonales (aunque éstas surjan inevitablemente) sino en la transformación estructural y social en la búsqueda de una paz justa y duradera.

A pesar de un compromiso compartido para la construcción de la paz, el Espacio Regional incluye a participantes con enfoques divergentes y a menudo contradictorios para construir la paz. La respuesta no es aislar o abandonar, sino más bien provocar un análisis continuo -y, a veces, incómodo- de las formas en que la violencia puede sutilmente insertarse en los mismos marcos utilizados para construir la paz- para deliberar de manera colectiva teorías altamente cuestionadas del cambio, los marcos conceptuales, y las prácticas cotidianas representadas por los grupos que forman la coalición. Reflejado en la reunión con la Agencia Nacional de Tierras, el diálogo mensual también permite a los miembros identificar puntos de acción compartidos y colectivos.

El Espacio Regional no busca un diálogo bajo la falsa suposición de que todo el mundo entra en el espacio como iguales. Historias de violencia, marginalización, clasismo, racismo, sexismo y represión de los movimientos sociales a través de tácticas violentas no permiten que falsas nociones de un mismo campo de juego, y tales dinámicas de desigualdad son nombradas con frecuencia en el espacio. En cambio, el Espacio Regional es explícitamente comprometido con ampliar y apoyar las agendas y objetivos de los movimientos sociales de base y procesos de comunidad en los márgenes: la construcción de la paz en las comunidades que han sido (y siguen siendo) más afectadas por la violencia. Reconocimiento explícito de poder ya grabado en las relaciones a través de los Montes de María y en el Espacio Regional, orienta y permite el diálogo a través de diferencias de una manera que sirve para transformar la violencia estructural.

Lección #3: Nombra, cambia y dedicarse a prácticas diarias que no rompen la violencia. Actuar de una manera que interrumpa la violencia estructural no es fácil – y hay momentos en que las personas no lo hacen (y no ven sus fracasos en los intentos). Esté atento a los hábitos y prácticas diarios utilizados en estos procesos – asegúrese que son un reflejo de los objetivos más amplios de la coalición.

La desigualdad no se construye a través de grandes acciones, sino a través de prácticas cotidianas que normalizan, conforman y legitiman la violencia estructural. Si la violencia estructural es formada y mantenida a través de las prácticas cotidianas, intentos de interrumpir y transformar la violencia deben también surgir a través de procesos repetitivos capaces de remodelar estas prácticas y hábitos cotidianos. Este trabajo es difícil. Para hacer visible, nombrar y actuar para cambiar prácticas cotidianas normalizadas de violencia estructural requiere vigilancia y compromiso de un proceso continuo y permanente. Diálogo transformador, por el Espacio Regional, no es de relaciones (inter)personales, sino más bien de transformación sistémica y estructural – la construcción de una paz justa y duradera.

Lección #4: Ser explícito sobre identidad, localización social y poder y comprometerse con procesos permanentes y repetitivos de diálogo que combinen la reflexión y la acción. Los procesos de reflexión exponen las experiencias diferenciales de determinadas comunidades y aclaran la acción estratégica y ética.

El Espacio Regional comienza cada diálogo mensual con un análisis facilitado, colectivo, y abierto de la coyuntura política actual, que centra y orienta a la acción. El análisis social y político elaborado conjuntamente expone formas más amplias y estructurales de violencia en el contexto y permite claridad para la acción colectiva. Por ejemplo, antes de la elección del plebiscito, hablar de paz, para algunos en el Espacio Regional, era «de moda» dentro de las esferas profesional y personal, mientras que para otros, abogar por la paz representaba un esfuerzo «peligroso.» Los líderes de base en toda Colombia tienen y siguen enfrentando amenazas cada vez mayores como resultado de la participación en incidencia para la paz. De hecho, cerca de 100 líderes sociales fueron asesinados en 2016 por defender los derechos humanos y abogar por la paz – e innumerables más se enfrentaron a graves amenazas a la vida. Entender las maneras sutiles (y no tan sutiles) que las comunidades de experimentan diferencialmente las realidades sociales, económicas y políticas permite un análisis integral y una acción estratégica basada en las relaciones de cuidado. Una vez más, estas relaciones surgen de un compromiso con procesos continuos y repetitivos de diálogo y construcción de confianza.

Lección #5: Cultivar prácticas continuas, profundas y cotidianas de cuidado, confianza y relación. Atender no sólo a la salud de la coalición, sino a la salud de cada uno de los procesos que conforman la coalición. Escuchar atentamente a las comunidades de base. Priorizar, con tiempo y recursos, esas relaciones.

Por último, uno de los mayores retos a los que se enfrentan las coaliciones es encontrar un equilibrio cuidadoso entre los procesos internos y externos. Cada miembro del Espacio Regional responde a sus propios procesos y organizaciones, lo cual requiere tiempo y compromiso. Este equilibrio requiere transparencia, reflexión y relaciones de cuidado. ¿Cuáles son las necesidades, retos, debilidades y fortalezas de cada movimiento y organización? ¿Cómo se cuida y refuerza cada uno de los procesos la coalición -en este caso el Espacio Regional? ¿Cómo se refleja el trabajo de la coalición en las acciones, la salud y los procesos de las bases? El Espacio Regional también cuenta con un Grupo Facilitador cuya función, además de seguimiento de la logística y la facilitación del diálogo mensual, es prestar atención concertada a preguntas como éstas, de manera que se asegure la salud, la eficacia y el rol de la coalición.

Sembrandopaz desde hace tiempo ha centrado la construcción de coalición en su trabajo por la paz y la justicia en Colombia. Construir una cultura política sana y participativa -que reconoce el poder de una sociedad civil organizada- es clave para transformar la violencia estructural y directa. Las lecciones que emergen de las décadas de experiencia de Sembrandopaz con la formación de coaliciones ofrecen una visión significativa y un conjunto de prácticas flexibles y orientadoras para aquellos que buscan participar en una acción sostenida y noviolenta en la búsqueda de una justapaz. Estas prácticas merecen una consideración cuidadosa, particularmente para aquellos en los Estados Unidos que están involucrados en el trabajo diario de construir un «movimiento» de un «momento.»

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La mañana después de que el acuerdo de paz fue rechazado en un margen mínimo del voto popular en el plebiscito, la comunidad de Sembrandopaz se juntó. Para los que se habían dedicado sus vidas a construir paz, el derrote del acuerdo y la incertidumbre que dejó representaba un fuerte desafío para la comunidad. Pero Ricardo le urgió a la comunidad a mantener la esperanza que ha guiado su trabajo frente a estos desafíos. “Esta es una oportunidad importante,” les recordó a las personas allí, “Hay tres cosas que no podemos perder en este trabajo: esperanza, paciencia, y honestidad.” Ojala que estas palabras nos guíen a todos en los días y años que vienen.