El Deseo de la Esperanza y Otras Miradas de la Paz

Campamento
El Deseo de Esperanza y Otras Miradas de la Paz

por Martha Cé Romero, Comisión Ciudadana de Reconciliación y Paz del Atlántico
publicado el 3 de Marzo 2017

Fue un martes de fin de mes, un 28 de Febrero para no olvidar. El ambiente era festivo en casi toda la región caribe y en especial al norte, donde el Carnaval de Barranquilla lleva aires de jolgorio, música y celebración a toda la zona costera. Ese día, las Comisiones Ciudadanas de Reconciliación y Paz tendrían una reunión más cerca de sus objetivos de aportar desde la sociedad civil a la construcción de espacios de diálogo constructivo, construcción de paz y reconciliación. Esta vez la cita era en la Fonseca, Guajira, más exactamente en la vereda de Pondores, conocida ahora por ser el espacio físico de una de las zonas veredales dentro de los acuerdos de Paz de Colombia.

El día inició con expectativa, la agenda estaba planteada y se esperaba conocer la situación del proceso de las zonas veredales, las construcciones comprometidas, indagar sobre las versiones de incumplimiento y saber del compromiso de las FARC frente al proceso, no desde el papel, sino de primera voz. Todos los puntos eran álgidos, serios y necesarios para continuar desde las CCRP con el trabajo desde las regiones, pero el alma de algunos se matizaba de ternura al saber que también encontraríamos otras historias humanas, como el de una guerrillera que acababa de dar a luz en el sitio.

Poco a poco los integrantes de Córdoba, Sucre, Atlántico, Cesar, Magdalena y los anfitriones de la Guajira se encontraron en un punto establecido. Cerca de las 9 de la mañana se inició el camino con la mente y el corazón ansiosos por la inminente cita. El camino desde la pujante población de Fonseca al sitio de encuentro fue rápido, menos de 30 minutos distan del límite urbano al primer cartel blanco con borde verde y signos distintivos de la Policía Nacional que da la bienvenida al “Punto de Transición a la Normalidad” y luego en orden fueron apareciendo el campamento del ejército por el lado del estado, el de la ONU como garantes del proceso y por último el espacio denominado zona de recepción, que es un lugar abierto donde algunos de los representantes de las FARC pueden entrar en contacto con la población civil y los medios.

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Esperábamos ver mucha restricción, requisas, revisión, vigilancia y caras formales, miradas duras; lo normal para estos casos. Lo que se encontró superó las expectativas de todos. Caras amables, rostros apacibles y una atención desmedida que abrumaba. Desde ese momento del primer contacto en el portón de entrada la CCRP fue recibida con saludos, bienvenidas, un refresco frío y la presencia agitada y alegre de dos perros hermosos, bien cuidados y saludables. Nuestras miradas se dirigían a todos lados, había tanto para mirar: letreros de construcción artesanal animando la paz, flores recién sembradas, plantío de tomate verde, la cocina al aire libre, obras civiles en proceso, visitantes hablando cerca y lejos. El espacio físico era verde, fresco y propio de una finca de la región, con una limpieza y cuidado del ambiente que llamaba la atención y hacía que intentáramos no afectarlo con basuras o sucios mal puestos. El caney con sillas blancas ya nos esperaba. Otras personas estaban en pequeños grupos a la sombra de árboles de mango, eran de medios de comunicación nacionales y un extranjero que documenta la vida en los campamentos, más allá se notaban grupos de logística y otros profesionales en acción con chalecos y distintivos.

Muy cerca al caney donde nos ubicamos se veían las construcciones de lo que será prontamente los espacios de concentración. A pleno sol trabajaban constructores con cascos, albañiles y personal de las FARC con pantalones de campaña, pero con camisetas de colores y turbantes en la cabeza para protegerse del sol y del polvo. Todos unidos haciendo labores de construcción, porque si bien es labor del estado y ya han sido contratados estos servicios, se nota la colaboración de todos por igual. Luego de una presentación de la CCRP inició el encuentro. Más allá de los diálogos o de las informaciones que daban con convencimiento de su causa, las personas que estaban ahí eran muy similares a los que llegamos como representantes de la sociedad civil. Estaba “Anastasio” con su perro dálmata llamado Gotas, ejemplar digno de cualquier exposición por el aspecto que tenía, a su lado estaba “Ángel” con Beethoven (Beto), un caniche peludo, grande y blanco que se acurrucaba cerca de su cuidador, un joven menudo y de rasgos indígenas. Más allá otro grupo se esmeraba en cocinar y hacer bebidas como cuando uno tiene visitas y quiere atender, y dando vueltas pendiente de todo estaba “Yeni”, una joven rubia con 17 años de permanencia en la guerrilla y que aspira a estudiar Comunicación/periodismo ahora “que las cosas cambiaron”, ella que en sus tiempos de guerra era “radista” (encargada de las comunicaciones) trataba a todos con afabilidad, educación y cercanía, y siempre que hablaba mostraba su sonrisa alegre y sus ojos vivaces.

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Las horas transcurrían entre preguntas, diálogo constructivo, inquietudes de los asistentes, argumentaciones de las partes y la gran necesidad de esclarecer las dudas, que “El Profe” contestaba con argumentos, informaciones y la versión de las FARC de la historia reciente del conflicto en Colombia. A su lado estaba “Ricardo” quien permanecía en silencio, asintiendo o a ratos sonriendo cual escudero de un Quijote fariano. Su discurso organizado, argumentado e informado era interrumpido respetuosamente por los integrantes de la CCRP quienes dejábamos claro el lado del que estamos que es el de la sociedad civil y se le interrogaba por la intención de cumplimiento de las FARC, por la necesidad de reconciliación, por el papel de la academia en el proceso, por la necesidad de resarcir a las víctimas, todos buscábamos respuestas para superar los prejuicios que como generación que no ha vivido un día de paz tenemos. En la evaluación final “El Profe” comentó que era un grupo distinto al que esperaban, que las CCRP se notaban informados, conocedores de los procesos y con un nivel que iba más allá de la información, sino que proponía y que mostraba su descontento o su divergencia, pero que daba soluciones y proponía.

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Luego de un receso llegó el momento del almuerzo que sorprendió a todos porque el tiempo había pasado muy rápido y porque nunca esperamos que el sancocho que se cocinaba en la cercanía fuese para los asistentes. Con la pericia de cualquier restaurante brindaron a todos una nutrida sopa de carne con arroz de palito y refresco en sendas tazas verdes y platos blancos. Todos se miraban, pero agradecían el gesto y aceptaron la atención y se acomodaron entre las plantas ornamentales, los tomates verdes que crecían en la huerta y la sombra de los árboles. Nosotros como CCRP llevamos muestras de solidaridad con algunos alimentos y bebidas, pero lo que recibimos fue una muestra de comunidad (común-unidad), no obstante que según lo comentado por ellos en el diálogo han recibido comida en mal estado, vencida o en poca cantidad, ellos compartieron lo que tenía.

Mientras el ágape se daba, se cumplió otro de los cometidos de la visita. Mirar la realidad del sitio y constatar directamente los avances del sitio en materia de servicios y construcción, que vale la pena decir se notan lentos y tienen el cronograma atrasado, unido a algunas quejas que hicieron sobre materiales y diseños. Pero ahí, al final de las construcciones nuevamente nos encontramos con la paz, esta vez con nombre de mujer, ahí en dos pequeñas casitas renacía la vida. En uno de los pequeños cuarticos estaba Esperanza, la mujer que en los primeros días de Enero dio a luz a una niña que nombró Desiré (que significa deseo o persona deseada), ella nos dijo que se sentía feliz porque puede abrazar y disfrutar de ese pequeño ser (no como a su otro hijo del que no quiso hablar), experiencia que mencionó ahora quieren compartir muchos de sus compañeros de lucha, pero que por la edad ya no lo lograrán. La niña estaba rozagante, se veía saludable y tranquila en brazos de una madre de 41 años que ha pasado 27 años en la guerrilla y que ahora aún con botas negras lustradas, pantalón de campaña verde y camiseta blanca, se veía maternal y feliz. Su figura delgada de brazos marcados por el trabajo, enmarcaban a una madre de ojos firmes y negros que miraban con ternura a la pequeña. Al lado del cuartico, el olor a bebé parecía querer contagiar a su vecina de habitación, una joven y hermosa morena que con 7 meses de embarazo apaciguaba el calor sofocante de la construcción de yesocartón sentada al lado de su compañero agitando fuertemente un abanico.

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Ya nuevamente en el grupo y cuando la jornada finalizaba, un comunicado oficial de las FARC que hacía pocos segundos les había llegado cambió la dinámica de la despedida. “Anastasio”, el Joven cuidador de Gotas el dálmata, leyó con voz pausada pero enérgica que al día siguiente, pese a todos los pronósticos, las FARC continuarían con el cronograma pactado en los acuerdos de la Habana para la implementación y empezaría con la entrega del armamento, hubo algunos aplausos, unas sonrisas y en los asistentes se renovó la esperanza. De ese modo terminó este encuentro con seres que se muestran dispuestos a empezar el camino de la paz y la reconciliación.
Luego de lo experimentado en la semana que incluyó reuniones en Alcaldías de la zona motivando los Consejos Municipales de Paz y de esta visita a la zona veredal, como CCRP sabemos que no será sencillo el camino, nunca ha sido fácil y se ha experimentado así desde el 2006 cuando se inició con este acompañamiento a los procesos de paz y a las víctimas del conflicto, pero creemos que este acercamiento fue un buen inicio y que luego de las emociones encontradas, de la desmitificación como monstruos que algunos albergaban, de mirar de frente el lado humano que todos los actores del conflicto tienen, de la conciencia que hay verdades a medias de lado y lado, seguiremos con la construcción de una ruta que nos muestre acciones efectivas para seguir aportando como sociedad civil a la construcción de paz, por eso existimos, las Comisiones Ciudadanas de Reconciliación y Paz sueñan, anhelan, trabajan y viven por la paz y la reconciliación y para lograr que no haya una vida más perdida en la guerra, porque todas las vidas sean para la paz.